domingo, 2 de junio de 2013

¿De qué se compone un gran sueño?

Cualquier persona, en cualquier momento de su vida, tiene un sueño. Los sueños son algo muy personal, algo que cumplirlo nos aporta felicidad, que nos llena. Es algo de lo que estamos orgullosos el resto de nuestras vidas.

No debemos confundir sueño, con deseo. Un deseo nos aporta una dosis de placer instantáneo, fugaz. Es algo que nos gusta hoy pero que no vamos a recordar mañana. Una persona puede tener muchos deseos, pero sólo va tener un sueño. Hay algo por lo que estaría dispuesto a arriesgarlo todo y, si lo perdiera, lo volvería a intentar hasta conseguirlo. Los sueños, al igual que las personas, van cambiando. No vamos a soñar lo mismo con quince años que con treinta; al igual que una persona no tiene por qué soñar con lo mismo que otra. Nuestros sueños son, únicamente, nuestros. Cada sueño tiene un camino para conseguirlo y, de la suma de esos caminos, se compone la felicidad de cada uno. Lo primero que debemos tener claro es: ¿cuál es mi sueño?








Muy sencillo. Nuestro sueño es lo último que pensamos antes de dormirnos. Puede ser una persona, una carrera, un reto... Cualquier cosa puede ser nuestro sueño, pero nuestro sueño será únicamente aquella última cosa que soñamos. Este es el primer paso para alcanzarlo, saber qué es, en qué consiste. Sin embargo, un sueño es algo inmaterial, no es nada, pero a la vez es todo. Debemos ser capaces de convertir ese sueño en un objetivo. Un sueño es una burbuja que flota por el aire, pero nos limitamos a mirarla. La deseamos pero permanecemos inmóviles. Un sueño se convierte en un objetivo cuando, al despertarnos, lo primero que pensamos es: ¿qué debo hacer hoy para estar más cerca? Y es que de eso es de lo que realmente se compone un sueño. Ese camino que llamamos sueño es la suma de cada paso que damos.

Cada paso, es cada sacrificio diario. Por eso, avanza, nunca te detengas pero, sobre todo, nunca dejes de soñar.

Javier, Equipo WNMT.

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