Buenas amigos.
En mi experiencia de ateta profesional, he sufrido innumerables momentos en el
que el ánimo está por los suelos. No sólo por los traspiés del destino, sino
también porque en ocasiones somos nosotros mismos los que, pensando de forma
errónea, traemos al presente situaciones adversas.
En mi
caso particular, desde pequeño siempre soñé con imitar los pasos de un atleta –con
el que tuve la suerte de entrenar- para mi especial, que es Isaac Viciosa. Le
vestía una marca deportiva de arriba abajo, y eso es lo que me propuse yo que
conseguiría. Estaba tan convencido de ello que, poco tiempo después, yo mismo
lo logré y, hasta el día de hoy, me viste la marca New Balance.
En un
momento de mi carrera en el que me encontraba preparando las Olimpiadas de
Pekín, estaba demostrando un nivel de forma altísimo. Sin embargo, en las
competiciones previas al Campeonato de España, el destino -o yo mismo-,
hicieron que no rindiera al máximo de mis posibilidades, por lo que a pesar del
gran estado en el que me encontraba, quedé en cuarta posición. Como si esto no
fuera poco, decidieron llevar a los JJ.OO de Pekín a los tres primeros, por lo
que me quedé sin plaza. Además, el año anterior consiguiendo medalla, me quedé
fuera del mundial. Esto se debe a que unas veces es requisito y otras no, el
conseguir medalla en el Campeonato de España para ir al campeonato
internacional de turno. No obstante, estas situaciones no consiguieron
desanimarme sino que me dieron más fuerza para, el año siguiente, conseguir la
segunda posición en los Campeonatos de Europa celebrados en Turín. Una plata
que me sabe a oro por todo lo que sufrí para conseguirla. Fue una explosión de
alegría para mí y para todos los seres queridos que allí se encontraban después
de todo lo que había pasado. Tanto ellos como yo disfrutamos al máximo.
Por eso
amigos, lo que la experiencia me ha demostrado es que, si las cosas a veces no
salen como queremos es porque, o ese no es nuestro momento, o lo que debemos
sacar de él es el aprender por qué no salió como esperábamos. Tanto en las
victorias como en las derrotas debemos tener la capacidad de reflexión que nos
ayude a entender por qué hemos llegado a esa situación (ya que el presente está
hecho con las acciones del pasado) y por qué hemos reaccionado de una manera
determinada.
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